jueves, 28 de junio de 2012

Valor "Generosidad"




Esta vez te hablo acerca de un valor tan importante que facilita la convivencia.

Generosidad es servir con auténtico desprendimiento sin esperar nada a cambio, buscando el bien de los demás.

 La generosidad está definida como la inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés, mostrando nobleza, valor y esfuerzo en las empresas difíciles.
La persona generosa es noble, desprendida, dadivosa. Al niño pequeño hay que educarle esta virtud, y la mejor forma de hacerlo es el ejemplo personal de quien o quienes lo educan.

La comprensión de lo que se consideran buenas o malas acciones en la actuación de los demás resulta importante para la formación de los niños y jóvenes. Para esto deben aprovecharse determinadas situaciones que se presenten en el transcurso del día para hacerles notar estas acciones en los demás.

De este modo conocerán que son generosos cuando son capaces de compartir los juguetes, caramelos, el celular, el libro, útiles escolares o de prestarse ayuda entre sí, cuando muestran cierta tendencia a dar algo de sí.

Se debe aprovechar la gran sensibilidad emocional de los jovenes y niños para estructurar las actividades de forma que dejen siempre una vivencia afectiva perdurable.

Si eres generoso te olvidas del egoísmo, no esperas a que alguien te diga “te necesito”, te muestras con entusiasmo y te entregas desde el principio hasta el fin, piensas en lo maravilloso que es poder ayudar y agradeces la oportunidad de servir.
 
Ahora te invito a leer el cuento:

“Por qué algunos árboles...”
 
Una vez, hace mucho tiempo, empezó a hacer mucho frío porque el invierno se acercaba. Todos los pájaros que se iban cuando llegaba este momento en busca de sitios más cálidos ya habían partido. Sólo quedaba un pobre pajarito que tenía un ala rota. El pobre pensaba que si no encontraba pronto un lugar donde refugiarse se moriría de frío, miró alrededor y vio un montón de árboles que seguro le prestarían cobijo.
Saltando y aleteando cuando podía, llegó al bosque y encontró un árbol que le impresionó por lo grande que era y lo fuerte que parecía, era un roble, el pájaro le pidió permiso para refugiarse entre sus ramas hasta la llegada del buen tiempo. El roble le dijo, muy enfadado, que si le dejaba, picotearía sus bellotas y le echó de mala manera.
El pajarito vio un árbol precioso de hojas plateadas y tronco blanco, era un álamo y pensó que le daría refugio. Le contó su problema y el álamo le echó con cajas destempladas diciéndole que iba a manchar sus bonitas hojas y su blanquísimo tronco.
Cerca de allí había un sauce que con sus largas ramas colgando hasta el suelo le pareció al pajarito que sería una buena casa para los fríos que se avecinaban. Pero igual que los demás le rechazó argumentando que no trataba nunca con desconocidos y pidiéndole que se marchara cuanto antes.
El pajarito empezó a saltar como podía con su ala rota sin llevar un rumbo fijo, un abeto le vio y le preguntó que le pasaba, el pobre se lo contó y el abeto le ofreció sus ramas mientras le indicaba donde hacía más calorcito. El pájaro le explicó que sería para todo el invierno y el árbol le dijo que así tendría compañía. El pino, que estaba cerca de su primo el abeto, se ofreció para protegerle del viento ya que sus ramas eran más grandes y fuertes.
El pájaro se preparó un lugar bien abrigadito en la rama más grande del abeto y protegido del viento por el pino se dispuso a pasar el invierno. El enebro se ofreció para que pudiera comer de sus bayas y no muriera de hambre.
Estaba muy contento y charlaba con sus amigos, los demás árboles hacían comentarios despectivos sobre ellos.
Aquella noche empezó a soplar el Viento del Norte fuerte y frío, iba pasando de árbol a árbol y sus hojas iban cayendo una tras otra. De pronto giró y de dirigió hacia donde estaban los amigos del pajarito, el Rey de los Vientos le frenó y le dijo que podía desnudar a todos los árboles menos a los que de manera tan generosamente habían ayudado al pájaro.
El Viento del Norte los dejó en paz y conservaron sus hojas durante todo el invierno y desde entonces siempre ha sido así.
 Florence Holbrook

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